La mayoría de la gente acostumbra hacer una gran compra mensual o semanal.
Más de un tercio de lo comprado se tira: como cáscaras y restos o, directamente, como productos vencidos o que no quisimos consumir.
Sin embargo, a diario, en nuestras vueltas cotidianas desde la oficina, la escuela o la casa de un amigo, hacemos una escala en la verdulería, compramos un sachet de leche en el almacén del barrio y nos llevamos algo rico del kiosco.
Así es como, sin hacer trayectos especiales y derrochando menos dinero, podemos reducir nuestro impacto sobre el medio ambiente desperdiciando menos.
¡Y, de yapa, comemos lo que queremos, cuando lo queremos, y siempre fresco!

